El almazanejo

Un enclave agropecuario estratégico

El yacimiento de El Almazanejo se sitúa en extremo nororiental del término municipal de Daganzo de Arriba, dentro de la comarca natural de la Campiña del Henares, un área de transición entre vegas fluviales y suaves lomas asociadas al valle del Torote. Próximo al rio homónimo, este paisaje se caracteriza por la larga continuidad de usos agrícolas -principalmente cerealísticos- y ganaderos, configurando el territorio con una marcada vocación agropecuaria.

Desde el punto de vista territorial, el Almazanejo debe entenderse como parte de un paisaje cultural complejo en el que confluyen dinámicas históricas de poblamiento, explotación agraria y organización señorial del territorio. La intervención arqueológica se inserta dentro de un marco de valorización patrimonial orientado a mejorar el conocimiento científico del enclave y a integrar su estudio en estrategias más amplias de gestión del patrimonio cultural de la Comunidad de Madrid.

En este sentido, el proyecto contribuye a reforzar la identificación del sitio como un recurso patrimonial con potencial para la investigación, la difusión cultural y la dinamización territorial, alineándose con políticas regionales de protección, conservación y puesta en valor del patrimonio arqueológico en ámbitos rurales.

una residencia rural de la familia mendoza

Este entorno se inscribe dentro de los procesos de ocupación y reorganización territorial desarrollados tras la consolidación del dominio castellano en el centro peninsular entre los siglos XII y XIII. Durante este periodo se produjo la estructuración del territorio en torno a redes de asentamientos rurales vinculados a la explotación agropecuaria y al control de vías de comunicación en el valle del Henares y sus afluentes.

Las tierras de Daganzo de Arriba, que formaron parte del territorio de realengo, durante la Baja Edad Media se introdujeron en las dinámicas señoriales, consolidándose en el siglo XIV el poder nobiliario bajo influencia de la familia Mendoza, cuya expansión patrimonial y política tuvo un papel decisivo en la configuración del territorio. La creación del condado de Coruña y la incorporación de nuevas propiedades supusieron la reorganización del espacio basada en el control de recursos agrarios, ganaderos y vías de comunicación.

Las fuentes documentales medievales reflejan la relevancia económica del enclave, vinculados a la explotación agraria y a la gestión de derechos señoriales como el montazgo o el tránsito de ganado. Esto nos sugiere que el edificio documentado arqueológicamente pudo desempeñar funciones relacionadas con la administración territorial, residencia señorial o la organización de la explotación agraria circundante.

Durante los siglos XV y XVI el Almazanejo experimentó una fase de transformación vinculada a cambios en la organización socioeconómica del territorio y a la reestructuración de las redes de poblamiento rural. El progresivo abandono del núcleo habitado, documentado a partir del siglo XVI, parece relacionarse con procesos de concentración poblacional, modificaciones en la gestión señorial y la cesión de tierras a la villa de Daganzo bajo diferentes regímenes de explotación.

A pesar de la desaparición del asentamiento como núcleo habitado permanente, el lugar mantuvo una significativa relevancia económica y simbólica, continuando su utilización para actividades agrarias y manteniendo vínculos con tradiciones religiosas y festivas asociadas a la ermita de la Virgen del Espino.

La continuidad de usos del espacio a lo largo de la Edad Moderna y Contemporánea refleja la persistencia del paisaje histórico configurado en etapas anteriores, evidenciando la superposición de funciones productivas, sociales y simbólicas que han contribuido a modelar el territorio hasta la actualidad.

De parking a yacimiento arqueológico

El análisis de la cartografía histórica permite reconstruir la evolución del entorno de El Almazanejo desde el siglo XVIII hasta hoy. Algunos mapas de la época solo reflejan los núcleos de Daganzo, sin mencionar el enclave, lo que indica su escasa entidad en ese momento. En el siglo XIX, las Topografías Catastrales aportan mayor detalle, mostrando la Ermita del Espino, una red de caminos consolidada y un claro predominio agrícola.

Posteriormente, los mapas del Instituto Geográfico Nacional confirman la continuidad de estos usos, con cambios graduales en el viario. Destacan la Cañada Real Galiana, eje ganadero principal, y el Camino de Talamanca, vinculado a rutas de origen romano, que refuerzan el carácter estratégico del área.

Las ortofotografías del siglo XX evidencian la continuidad agrícola y una mayor fragmentación del parcelario, junto con la transformación o desaparición de algunos caminos. En conjunto, el paisaje muestra una notable estabilidad, con cambios limitados ligados a la reorganización agraria y la evolución de las infraestructuras.

Tras el estudio cartográfico e histórico se pudo comenzar con la actuación sobre el territorio a través de los datos existentes de trabajos arqueológicos previos, cercanos al sitio para conocer el pasado del área. Documentándose ocupaciones que van desde etapas prehistóricas hasta épocas moderna y contemporánea.

La intervención más reciente realizada previamente fue una prospección geofísica en las proximidades de la Ermita del Espino, con el fin de localizar estructuras circundantes. De este modo se pudo observar la planta de un edificio, y plantear la excavación arqueológica en 2025 de una parte de la que se ha concebido como la casa palacial de los Condes de Coruña.

La intervención más reciente ha permitido dar a conocer un espacio que se ha interpretado como una pequeña cuadra o gallinero, así como una sala de comunicación entre habitaciones.

el Proyecto Dagalma y la arqueología pública

El proyecto DagAlma se ha desarrollado conforme a los principios de la Arqueología Pública, promoviendo la implicación directa de la comunidad local mediante la participación de personas voluntarias en las labores de excavación. Esta colaboración ha contribuido a fortalecer la vinculación social con el patrimonio y a fomentar actitudes favorables hacia su conservación. De esta manera, se ha contado con la asistencia de una gran cantidad de voluntarios, facilitando la participación de todos aquellos interesados, y cubriendo por completo el cupo establecido para la campaña. Lo que demuestra un gran compromiso social por parte de la comunidad con su patrimonio. 

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